76 años en los pantalones de los demás

 ✒Perfil

Clínica de ropa, eso dice el cuadro en la entrada de la casa de don Helio, la cual tiene un extenso jardín que cubre una gran parte del frente de la casa, lo primero que se ve al asomarse es el cuadro del sagrado corazón de Jesús, cuadro insignia de la casa de la mayoría de hogares colombianos. Don Helio tiene distribuido el frente de la casa para su negoció, allí tiene la ropa para arreglar y las prendas para entregar, tiene su mesa para cortar, que es una tabla reciclada de algún estante y su máquina de coser, al fondo se ve la cocina y el comedor, el único cuarto de la casa que tiene baldosa; contiguo a este está la sala, unos muebles, un pequeño televisor y un armario antiguo empolvado y lleno de peluches; colgado en la pared encima de su máquina de coser, don Helio tiene el cuadro de la virgen María, esto de por si me da la impresión de que él es un hombre dedicado a la iglesia y a su trabajo.

 


helio 1


Cuando llegué a hacerle la entrevista don Helio estaba arreglando un pantalón, me miró, sonrió, apagó el bombillo de la máquina, soltó el pedal y se dispuso a contarme sobre su vida y su labor. Nació en Ataco Tolima en 1939, vivió en la finca con sus padres y sus hermanos hasta el año de 1945 cuando la guerrilla llegó y los despojó de sus tierras, llegaron a Palermo Huila donde unos familiares y aprovechando su estadía allí su padre junto con un hermano negociaban una finca en Pitalito, esta tenía 180 hectáreas y valía 18.000 pesos, por lo cual cada uno pondría de a 9.000.

Don Helio es un hombre que le gusta hablar a pesar que sus ojos se entristecen cada vez que recuerda los hechos de su pasado, me habla pero nunca fija la mirada en mí, su mirada es perdida como tratando de recordar cada instante de su vida, y sus manos no sueltan el metro que lleva colgado alrededor de su cuello, lleva una camisa de mangas anchas y el pantalón más arriba del ombligo.

A pesar de sus largos años, este sastre recuerda con claridad cada fecha a la que refiere, en 1956 empezó a tomar las clases de sastrería, un hombre llamado Agustín Lozada lo educó mientras ellos vivían aun en el Huila; la finca que negociaban su padre y su tío la perdieron en un incendio, así que él y sus hermanos debían aprender un arte para poder ayudar en el hogar, debido a que sus dos hermanas mayores eran modistas él decidió aprender el arte de la sastrería.

En el año 1957 se muda a Playa Rica en el departamento del Tolima, allí Helio decidió colocar su primera sastrería, me iba bien decía, era un muchacho joven y le gustaba lo que hacía, pero dos años después tuvo que ir a prestar su servicio militar; cuando regresó ya todo había acabado, su negocio ya no estaba. Pero este joven sastre no se daba por vencido, gracias a un pequeño capital que le habían prestado volvió a poner su pie sobre el pedal de la máquina de coser, todo iba bien, el negocio se ampliaba y él estaba feliz; en 1962 debía entregar una mercancía en la ciudad de Ibagué, Helio salió para allá pero cuando regresó la vida otra vez le había dado un giro, unos ladrones entraron y se llevaron todo lo que él tenía, sus tijeras, su máquina, su indumentaria.

  


"Don Helio es un hombre que le gusta hablar a pesar que sus ojos se entristecen cada vez que recuerda los hechos de su pasado, me habla pero nunca fija la mirada en mí, su mirada es perdida como tratando de recordar cada instante de su vida, y sus manos no sueltan el metro que lleva colgado alrededor de su cuello".


 

Así que se levanta de su silla y no le importa si se cortó o no la grabación él simplemente mira al caballero que acaba de entrar y le pregunta ¿qué se le ofrece? El caballero es un hombre grande y una barriga voluminosa, lleva consigo un pantalón azul clásico que le quedó apretado de la cintura, el sastre lo mira y con un tono un poco burlón le dice al cliente que se ha engordado un poco más desde la última vez que se lo arregló, el cliente se ríe y don Helio procede a anotar el nombre del sujeto.

¿para cuándo me lo tiene?

Para mañana

Y ¿qué precio tiene?

Serían cinco mil pesos

El hombre le cancela con un billete de 10.000, el sastre saca su billetera, es de esas pequeñas que utilizan los niños cuando se las regalan en alguna fiesta de cumpleaños o jugando al amigo secreto en el colegio, le da el cambio, el hombre se retira y don Helio se vuelve a sentar en su silla para continuar su relato.

Tiempo después de todo lo sucedido, Don Helio retorna a trabajar en su arte, trabajó en muchos lados, conoció a mucha gente pero al final nunca ninguno le pagó. Esta es un de las experiencias que más recuerda, trabajó para un señor de nombre James, tan sólo de acordarse Helio sonríe y su rostro cambia, era muy buena gente, con él trabajó muchos años y siempre le fue bien, un día James se fue para Santa Marta y nunca le pagó.

 

En 1991 cansado de que lo estafaran, el sastre vuelve a construir su negocio, ya con menos herramientas pero con mucha más experiencia, la clínica, como le llaman a los sitios donde confeccionan y arreglan ropa, sería su trabajo por el resto de su vida; y así fue, en el año 2002 llega al barrio Santa Ana con su máquina de coser, una Singer americana que compró su padre en el año de 1954 por el valor de 400 pesos, precio equivalente a dos cosechas de café cada una a 200 pesos. La máquina que llevaba tanto tiempo en la familia ahora era suya, después que la heredara de su hermana modista con la cual vive en la casa, el sastre nunca se casó y nunca tuvo hijos, su casa no es propia pero tampoco vive en arriendo, pertenece a un sobrino suyo que lo deja vivir ahí con su hermana (madre de su sobrino) y la hija de ella que es una muchacha con discapacidad física y mental.

Don Helio se siente orgulloso de su trabajo, y se siente feliz de aun a sus 76 años no tener que ir cada ocho días al médico como muchos adultos de su edad, se levanta tipo siete de la mañana y se acuesta en promedio a las 10:30 de la noche, todos los días se monta en su bicicleta y durante un buen rato hace ejercicio por el barrio, don Helio es un hombre consagrado a la iglesia, según él “ya cuando uno llega a esta edad lo único que le queda es buscar a Dios y que el disponga de uno el día que quiera”. No piensa dejar su labor hasta el día que muera, es un hombre optimista, vigoroso y es el encargado de que los hombres, mujeres y niños del barrio puedan tener su buena pinta para estrenar en diciembre desde hace 13 años que su Singer americana y él llegaron, para quedarse en Santa Ana.

 


Por: Juan Camilo Montaña. Estudiante de Comunicación Social y Periodismo, Universidad de Ibagué.

 

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